miércoles, 7 de octubre de 2015

7 oct - Post Personal Rocío Olavarría

Una vez definidas las temáticas centrales de la entrevista y de la encuesta, salimos a la calle.
Difundí la encuesta entre mis contactos, y realicé entrevistas a personas con distintos perfiles:

  • Alexandra, 40-45 años
  • Mónica,  30-35 años
  • Rafael,   35-40 años
  • Rodrigo, 30 años
  • Mariví, 30 años
  • Laura, 30 años
Me di cuenta que a pesar de sus diferencias, todos tenían mucha "cultura del ciclista" y que sus respuestas eran bastante similares.
Había una inquietud por ser visto por automovilistas, otros ciclistas y peatones. Todos tomaban resguardo y se preparaban para ser vistos en sus trayectos: ocupan luces traseras y delanteras, casco y ropas con colores llamativos. Muy pocos usaban chaleco reflectantes o bandas reflectantes para los tobillos, no porque no los encontraran necesario si no porque se les olvidaba, no sabían donde estaban y porque su función podía ser reemplazada por otros elementos.
Todos tenían luces potentes, se preocupaban de sacarla de la bicicleta cuando la dejaban estacionada para que no les robaran, y tenían una costumbre de recargarla o cambiar periódicamente sus pilas.
En lo que más habían gastado era en el casco, candado y luz potente, los que bordeaban los 20.000.
Al andar en bicicleta se entra rápidamente en calor por lo que no usan ropas muy abrigadas.
Y lo más importante, no veían a la chaqueta como algo tan necesario o algo por lo que estarían dispuestos a pagar una cifra muy alta... simplemente no les hacía falta o no le encontraban valor.

Luego de hacer las entrevistas nos reunimos con el grupo, para compartir y discutir los insights que cada uno había tenido. Sorprendentemente la información que recopiló cada uno fue muy similar.
Con esto vimos que tendríamos que cambiar nuestra solución porque la indumentaria no era atractiva para nuestros clientes y menos aún a ese precio. Mantuvimos el mercado objetivo ya que sigue existiendo una oportunidad en el ámbito de la visibilidad, pero debíamos plantear una solución a menor costo, que fuera un accesorio para poner en la bicicleta, y ya no algo que va sobre el cuerpo.

Pensamos bastante y propusimos varias ideas, algunas de ellas iluminando los pedales, las ruedas, el casco, hasta que tras algunos días de discusiones llegamos a la solución finalmente propuesta: iluminación del cuerpo del ciclista por medio de proyección de colores. Debo decir que me gusta bastante la solución, no solo porque cumple la finalidad de aumentar la visibilidad si no porque el uso de colores lo hace muy entretenido. Ahora me imagino a los ciclistas como luciérnagas de distintos colores... y andando en las calles y ciclovías, sería un espectáculo muy interesante y colorido!

Como siguiente paso tendríamos que validar esta nueva propuesta de valor, pero ya con el camino recorrido creo que las entrevistas podrían ser más dirigidas y acotadas. También creo que al ver un prototipo funcionando, más que solo con una idea, podemos tener mayor información relevante sobre el valor de nuestra solución para el cliente.


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